Carta-Crónica de una connacional sobre su experiencia vivida con el Coronavirus COVID19

Queridos Compatriotas, nos permitimos compartir un valioso aporte, la carta-crónica de una connacional que muy generosamente comparte toda su experiencia vivida con el Coronavirus COVID19:

El Embajador Valladares me pidió que escribiera un corto relato de mi experiencia con síntomas de COVID 19 aquí en Londres. Espero que esta descripción les sea útil o interesante. Voy a intentar de ser lo más clara posible, aunque algunos de los días/datos se me han confundido después de tantos días de encierro. 

Mi esposo y yo llevamos años viviendo en Londres. Los dos hacemos ejercicio todos los días y tenemos más o menos 40 años. Alrededor del 8 de marzo me empezó a doler la garganta solamente de un lado. El dolor era leve y me duró como dos días. En eso momento no se me pasó por la cabeza que podría ser COVID ya que teníamos días de ser súper cuidadosos y no había muchos casos en Londres. Al par de días del dolor de garganta pase un día con una tos muy muy leve y dolor de cabeza. Al día siguiente desapareció. El pecho me dolía un poco como que hubiera tenido tos por días, pero nada del otro mundo. De ahí no tuvimos síntomas de los que me pueda recordar hasta el 16 de marzo. En la tarde, ya evadiendo el gimnasio, intenté hacer ejercicio en casa y paré a los cinco minutos ya que sentía que me faltaba un poco el aire. Pensé que estaba cansada y seguí con mi día. Después de la cena me senté en el sillón y de repente me sentí súper fatigada y con mucho malestar (no sé cómo mas describirlo). Esa noche la pasé temblando y con malestar como de fiebre. Mi termómetro dejo de funcionar ese día por lo que no se cuanta fiebre tenía. Durante la noche también estuve mala del estómago (disculpas por los detalles, pero molestias del estómago son muy comunes con este virus). 

La mañana del 17 amanecí casi segura que tenía el virus. Había pasado la noche entera temblando en la cama. Sin termómetro, no tenía forma de saber si tenía fiebre o no. Entonces se me ocurrió pedir ayuda de la comunidad por NEXTDOOR (una app que tiene foros locales). Al rato tenía dos termómetros que dos extraños me regalaron. Ya con eso empezamos a monitorear nuestra temperatura tres veces al día. Después de esa primera noche, ninguno de los dos tuvimos fiebre. Tampoco nos dio tos. Ese día llamé a mi GP, quien me dijo que lo más seguro es que tenía el virus y que me quedara en casa. Una vecina nos compró comida para la semana y saco al perro a caminar para que no tuviéramos que salir. Esa primera semana pasamos los dos con muchísima fatiga y dolores de cabeza. Un par de día tuve molestias del estómago, más que todo en la mañana. Ninguno de los síntomas fue extremo. De lo más molesto fue una presión en el pecho como si tuviéramos a un pequeño niño sentado encima. El subir un par de gradas nos dejaba un poco más fatigados de lo que ya estábamos. Pero por suerte, nunca sentimos como que no pudiéramos respirar. Mi esposo se recuperó alrededor de cuatro días, y volvió a correr después de cinco días. 

Yo seguí batallando con síntomas leves por varias semanas y después de unos días de sentirme mejor volví a tener un bajón. Como en la semana número cuatro me empezó un ardor en los pulmones que nunca había sentido. No tenía los pulmones cargados y no era por una tos severa. El ardor salió de la nada. En esos días hablé con la GP de nuevo y me dijo que siempre y cuando no tuviera fiebre no había razón para ir al hospital. Me recomendaron tomar anti inflamatorios y descanso. Al mismo tiempo me seguía molestando el estómago. A los nueve días de el ardor/dolor de pulmones me empeoraron los síntomas. Me dolía muchísimo el pecho y la espalda. Según Google Translate, eran los omóplatos que me dolían. A finales de abril, más de un mes después de los síntomas iniciales, ya no aguanté más el dolor de pecho, omóplatos y estómago. Llame a 111 y me pidieron que accediera a la página de web de 111. La página me dio un par de preguntas acerca de mis síntomas. El resultado de mis respuestas fue la sugerencia que llamara al 999. En ese momento me asusté, porque no quería que me llevaran en una ambulancia al hospital. Al llamar al 999, me hicieron unas preguntas básicas y al ver que no estaba en peligro inminente me dijeron que me llamaría un profesional médico en seguida. La llamada entró a los 20 minutos. Hable con una mujer que me preguntó acerca de mis síntomas. Luego decidió que sería mejor que ella hablara con su manager para ver que sería la mejor opción. Yo le insistí que no quería una ambulancia. Luego de unos minutos, las dos decidieron que era mejor que fuera a la Emergencia para que me revisaran. Me preguntaron si tenía carro y les dije que no, entonces me dieron permiso de tomar un Uber ya que tenía más de un mes sin fiebre. Mi esposo y yo tomamos un Uber a la 1:00 am al hospital local. Cuando llegamos al hospital no había absolutamente nadie. En la sala de espera había dos personas en estado de ebriedad que estaban siendo desalojados. En 10 minutos entré a hablar con la enfermera y me dijeron que le dijera a mi esposo que se tenía que regresar a casa. Me despedí de él y me llevaron a un área detrás de RESUS (el área donde usualmente están las personas que están siendo evaluadas en una emergencia). A parte de dos personas en RESUS, no había algún otro paciente. Me llevaron a una pequeña ‘habitación’ que tenía todas las orillas selladas con tape (gaffer tape). La habitación también tenía un filtro de aire. Durante mi estadía en la Emergencia me hicieron exámenes de sangre, orina, electrocardiograma y radiografía de los pulmones. Me explicaron que los resultados se tardarían más o menos una hora. Mientras espera estuve platicando con mi hermana en Guate y viendo Twitter en mi teléfono. Me dieron algo para el dolor en el suero, entonces estaba bastante tranquila. 

Más o menos una hora después llegó la doctora y la enfermera para explicarme que mis exámenes de sangre tenían un resultado que era de preocuparse. D-Dimer es un marcador que señala la posibilidad de una embolia (coágulo) en los pulmones. Debido al resultado, me tenían que hacer una resonancia magnética con contraste en ese preciso momento. No me dio tiempo no de llamar a mi esposo o avisarle a mi hermana. Los resultados tardaron más o me nos 30 minutos y por suerte no encontraron ningún coágulo en la resonancia. Me explicaron que a veces el D-Dimer sale positivo después que el cuerpo deshace un coágulo o como resultado de una infección. Al saber que no había nada que fuera serio me dejaron ir de regreso a casa. Me explicaron que lo que probablemente tenía pleuresía, lo cual es inflamación del tejido entre los pulmones y el esternón. Duele muchísimo pero no es peligroso si no hay pulmonía. Me mandaron a casa con algo para el dolor y algo para calmar el estómago. Al saber que mis pulmones estaban bien, me armé de paciencia para esperar que me pasara la pleuresía. 

En los días que nos sentimos mal lo que más nos ayudó fue tener termómetro que funcionara (!), tomar bastante líquidos, paracetamol y movernos seguido (el estar sedentarios nos empeoraba nuestros síntomas). Para la pleuresía lo único que me sirvió fue la bolsa de agua caliente y mucha PACIENCIA. En los primeros días la fatiga fue extrema y pasamos casi todo el día viendo televisión. ¡Eso sí, no les podría decir que vimos porque no me acuerdo! La pasamos con muy poco apetito, al punto que yo perdí 10 libras. A mí se me fueron las ganas de mi café sagrado de cada mañana. Me tomé mi primera taza de café a los dos meses del inicio de esta odisea. 

Fue el día 42 después de la fiebre que tuve al principio cuando por fin me sentí lo suficientemente bien para hacer ejercicio. Todavía tuve como una semana más con dolor en el pecho y los omóplatos. Por ahora llevo un par de días ya sin dolor y con todas mis energías de vuelta. He leído varios artículos en el New York TimesWashington Post y el Guardian sobre personas con similar experiencia a la mía; personas con síntomas leves con más de seis semanas de síntomas que iban y venían. Parece ser que le está ocurriendo a 1 de cada 20 personas que se infectan con el virus. Por suerte, la mayor parte de las personas la pasan como mi esposo. Él se sintió más o menos mal una semana y ya. 

Debido a las instrucciones del gobierno británico, estuvimos nueve días en aislamiento total, contando 7 días después de la última fiebre (y dos que le agregué yo para estar seguros). Al terminar nuestro aislamiento total, seguimos manteniendo distancia social completamente con cualquier persona y solo saliendo por razones esenciales. 

A pesar de que fueron unos días preocupantes, los dos estamos muy agradecidos con el universo que nunca estuvimos de gravedad. También estamos súper agradecidos con nuestros vecinos; los que conocemos y los que nunca hemos visto. Durante los días más difíciles no nos faltó comida, medicamentos o voluntario/as para caminar a nuestro perrito. Ahora que ya estamos saludables hemos podido devolver esa caridad y ayudar a otras personas que necesitan apoyo. 

Espero que esto les sea útil. Si alguien quiere preguntarnos algo, por favor darle sus datos al Embajador y yo les escribiré. En estos tiempos tan complicados e inciertos espero que todos se encuentren bien y que en Guate pase la crisis pronto. Es muy difícil para todos estar lejos de nuestras familias. ¡Les mando un fuerte abrazo y espero que pronto nos podamos juntar a compartir como se debe!